Al fin...
Otra vez esa sensación de que soy un tiburón entre millones de pececillos.
Otra vez comiéndome las horas, relamiendo los minutos, y apurando cada segundo antes de cruzar ese maldito paso de cebra.
Es como si volviese a ese sueño en el que agitaba mis brazos y echaba a volar. Es esa sensación. Y esta vez nada me va a parar.
Nada nos va a parar.
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